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Autor: Centro de Pensamiento Vida
Octrubre de 2026 | Colombia

Tres recados económicos de Brasil para Colombia

Pedro Rossi: Vicepresidente del Global Fund for a New Economy, profesor del Instituto de Economía de la Unicamp y consejero de la Presidencia de la República de Brasil (CDESS)

América Latina vive un momento decisivo. En medio de la crisis climática, las tensiones geopolíticas y una transformación tecnológica acelerada, nuestros países enfrentan un desafío común: cómo crecer, reducir desigualdades y, al mismo tiempo, ganar autonomía en un mundo cada vez más fragmentado. En este contexto, la experiencia reciente de Brasil ofrece algunas lecciones útiles, no como modelo a copiar, sino como puntos de reflexión, para Colombia. Son, en esencia, tres recados económicos.


El primer recado

La necesidad de una estrategia de diversificación industrial verde como base para la autonomía nacional. Durante mucho tiempo, en Brasil – como en buena parte de América Latina – se asumió que el desarrollo era un proceso casi natural, resultado de la apertura de mercados, la privatización y la desregulación, que nos llevaría a una convergencia con los países ricos. Pero la realidad mostró otra cosa: las relaciones económicas globales están marcadas por dependência, asimetrías profundas y la transición ecológica puede agravar este problema. La economía verde abre oportunidades, pero también riesgos: nuevas formas de colonialismo verde, extracción de recursos, dependencia tecnológica en sectores estratégicos y mayor endeudamiento para financiar inversiones.

El recado aquí es claro: sin uma política industrial activa, orientada a diversificar la estructura productiva y a incorporar capacidades tecnológicas propias, la transición verde puede terminar reforzando la vieja división internacional del trabajo. Brasil aprendió —a veces de manera tardía y a costa de la desindustrialización— que dejar este proceso en manos del mercado global implica ceder autonomía.


El segundo recado

se refiere a la relación entre distribución del ingreso y estructura productiva. Brasil mostró que políticas redistributivas (aumento del salario mínimo, expansión de transferencias, ampliación de bienes públicos) pueden dinamizar el crecimiento y generar empleo. Incorporar a millones de personas al consumo de bienes públicos y priovados tiene un efecto económico potente, impacto en inversiones y productividad. Pero también puede encontrar límites  quando proceso cuando no se acompaña de cambios en la estructura productiva. Parte importante de ese nuevo consumo terminó siendo abastecido por importaciones. Es decir: se generó demanda interna, pero una fracción relevante del empleo y de la producción se creó fuera del país.

El recado es directo: la agenda distributiva necesita una base productiva que la sostenga. Esto se aplica al consumo privado y tambien al consumo publico como en la área de la salud publica. Expandir el acceso a la salud publica implica aumentar la demanda por medicamentos, equipos y tecnologías. Sin producción local, esto puede profundizar la dependencia externa. Brasil avanzó, aunque de forma incompleta, en el uso de políticas industriales y de compras públicas para desarrollar capacidades en estos sectores, internalizar cadenas productivas, producir tecnologias, generando empleo y ingresso.


El tercer recado

Una mala macroeconomía puede neutralizar una buena política industrial. Brasil diseñó, en distintos momentos, políticas industriales sofisticadas. Sin embargo, muchas de ellas no lograron los resultados esperados porque convivían con tasas de interés elevadas y tipos de cambio apreciados. En la práctica, esto reducía la competitividad de la producción local y desincentivaba la inversión. Es una lección importante: no basta con tener buenas políticas sectoriales si el entorno macroeconómico va en dirección contraria.

El recado es que la coherencia macroeconómica no es un detalle técnico, sino una condición necesaria para cualquier estrategia de desarrollo. Estos tres recados —diversificación industrial verde, articulación entre distribución y producción, y coherencia macroeconómica— apuntan a una misma idea: el desarrollo no es automático. Es el resultado de decisiones políticas que buscan transformar estructuras productivas y reducir dependencias.
Brasil ofrece aprendizajes, aciertos y errores que pueden ser útiles en un momento en que Colombia, y toda América Latina, vuelve a pensar su futuro. En un mundo en transición, la región tiene la oportunidad de construir estrategias propias. Y ese proceso, más que nunca, se beneficia del diálogo y del aprendizaje mutuo entre países vecinos.